La mejor defensa de nuestras costas es la conservación de nuestras playas: El caso de La Punta y Chucuito


Escribe:
Julia Schabauer
Arqueóloga


Al margen de la controversia originada en el distrito de La Punta por la ampliación del muelle del Club Regatas Lima , quiero destacar la válida participación de los vecinos por la conservación de nuestras playas y por ende, de su costa y la infraestructura urbana que en ella se ubica.

En el último siglo, la falta de conocimiento de los procesos de transporte sedimentario costero al nivel de las autoridades locales han desembocado con frecuencia en medidas inapropiadas para combatir la erosión costera. La costa está sometida a constantes cambios naturales y constituye el hábitat más valioso pero también el más frágil y si a esta condición natural le añadimos la acción humana, a veces irresponsable, los resultados pueden ser absolutamente nocivos.

Por otro lado el tema del calentamiento global, no es una leyenda, es una realidad y quienes vivimos en un distrito costero debemos ser conscientes de ello. El nivel del mar está ascendiendo cada vez más producto del derretimiento de los hielos de los polos y por lo tanto, enfocarnos en una política de protección costera será una tarea impostergable.

Las playas están formadas por sedimentos arrastrados por las corrientes y las olas. Estos sedimentos proceden de la erosión de los acantilados y de los materiales acarreados por los ríos. Hay una constante de erosión – sedimentación que funciona interrelacionada con las corrientes marinas.

La dinámica que se establece en las zonas litorales es compleja, cualquier acción que se ejerza sobre ellas puede tener consecuencias indirectas que no siempre son fáciles de prever inclusive a través de los estudios de impacto ambiental. Por ejemplo, la construcción de un rompeolas o dique funciona como un obstáculo, por lo tanto la sedimentación se produciría en la parte anterior a ellos. Es decir, se formaría una nueva playa pero, detrás de las estructuras construidas se generaría una intensa erosión.

El desarrollo de la actividad marítima, particularmente la portuaria, puede generar problemas ambientales locales y hasta regionales. La alteración de las aguas y la construcción de estructuras artificiales pueden impactar directamente en las masas de agua así como en los ecosistemas y las comunidades humanas ubicadas en las cercanías de los puertos. Las actividades relacionadas con los quehaceres de un puerto producen, entre otros efectos, erosión y sedimentación debido a los cambios hidrológicos ocasionados por la profundización y ampliación del canal. El dragado y la eliminación de los materiales dragados producen también cambios en la estructura de la ribera o playa y modifican la batimetría.

Mayormente, las instalaciones nuevas o ampliaciones de los puertos son bien acogidas en los países en desarrollo porque aumentan la oferta de empleos y dinamiza el comercio en la región, sin embargo, puede causar desequilibrios en las costumbres de la población local. Por ejemplo, el caso del distrito de la Punta. La afectación de sus playas, consideradas espacios de descanso, relajación y esparcimiento, aparentemente por la construcción de diferentes estructuras marítimas y las actividades portuarias, han desencadenado malestar y reclamos entre los vecinos pues ven disminuído este valioso recurso hasta el extremo de ver afectada su seguridad y sus propiedades al igual que la conservación de sus espacios públicos, como son las plazas y malecones tal como se pudo experimentar en los oleajes anómalos de enero del 2010.

En los últimos años, se le está dando mayor importancia a la protección de la integridad estructural y funcional a los recursos de la zona costera. Por eso , todo desarrollo de puerto, sea la construcción de uno nuevo o una ampliación , debe cumplir con una serie de restricciones. Hay que tener en cuenta también que la ampliación de un puerto puede elevar el nivel de estrés ambiental.

Para comprender el caso de las playas Cantolao de la Punta y la playa de Chucuito es necesario remontarse al pasado y observar su perfil costero desde antes de la construcción del rompeolas del puerto del Callao, alrededor de 1,930 y la bocana, para darse cuenta cómo han sido afectadas a través del paso de los años.

Simultáneamente al avance de las obras del rompeolas sur antes mencionado, los efectos en las playas de Cantolao y Chucuito empezaron a notarse de manera gradual. El desvío de las corrientes, a causa de la nueva estructura y la acción de las olas, impactan en las playas modificando su conformación desde el malecón de Guerra hasta el extremo de La Punta. Las piedras del muelle de Guerra (donde había una playa y baños llamados El Recreo) pasaron a formar una gran playa en Chucuito tal como se ve actualmente, mientras que en otro sector, la erosión se acrecentó afectándose construcciones como , un astillero, un local llamado El Chalaquito, el colegio San José de Cluny, el muelle del Longo Club y el Club de Regatas Unión.

Años después, en 1980, el dragado del puerto fue, en gran parte, el causante de la pérdida de playa en Cantolao, en lo que respecta al sector entre los jirones More y teniente Palacios.

Luego, a partir del 2008, se inicia la ampliación sur del puerto del Callao a través de una concesión a la empresa DPW. Para ello se presentó previamente un estudio de impacto ambiental el cual fue evaluado por la Dirección General de Asuntos Socioambientales del Ministerio de Transportes y Comunicaciones y un expediente técnico aprobado por la Autoridad portuaria Nacional.Se dice que para la elaboración del EIA se realizó una audiencia pública en la que participaron los vecinos del puerto pero lastimosamente la comunidad punteña, no. Las razones del por qué de ello no me quedan claras.

Finalmente, en el 2010, inició sus labores y es justamente ese año en el que se producen cuatro oleajes anómalos en el mes de enero (cosa extraña, por cierto) que causan daños importantes en las playas de Cantolao y Chucuito. Se afecta seriamente el Club de Regatas Unión, IMARPE, la ribera frente al Centro Naval, entre otros y las piedras de las playas sufren un fuerte desplazamiento. Se dice que próximamente, DPW ejecutará su segunda etapa en el Muelle Sur por la cual se ganará terreno al mar por más de 30 hectáreas y su frente de atraque entrará casi un kilómetro en el mar. A estar atentos pues y exigir a las autoridades regionales y provinciales la debida coordinación con la empresa.

Termino invocando a mis vecinos punteños y chucuitanos a promover espacios de diálogo con la participación de los especialistas en los temas relativos a gestión costera para unificar criterios y posturas en lo que respecta a la conservación de nuestras playas y así evitar desagradables sorpresas en el futuro.