Sobre el MUNA y el antiguo MNAAH



Escribe:
Manuel Calongos Curotto
Arqueólogo

El día 18 de Mayo se celebró una importante fecha a nivel mundial: el Día de los Museos. En Perú se han dado durante todo el mes diferentes tipos de eventos y actividades en varios museos e instituciones relacionadas a la cultura, como el Ministerio de Cultura. El fin de esta fecha, impulsada por ICOM (Consejo Internacional de Museos, por sus siglas en inglés), es de acercar a los museos a todo la población; reforzando el vínculo que debe existir entre los museos y la gente.

Sin embargo, otro asunto viene estando, no sólo este mes sino desde que fue anunciado, sobre la mesa: la construcción de Museo Nacional de Arqueología (MUNA) dentro del área intangible del sitio arqueológico de Pachacamac y el consecuente traslado de las piezas del emblemático Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia (MNAAH), en Pueblo Libre, al nuevo museo. Esto ha generado una serie de opiniones tanto a favor y en contra entre diferentes especialistas e incluso en una pequeña parte de la población.

El MNAAH es el sucesor del antiguo Museo Nacional del Perú fundado en 1822. Se trata, pues, del primer museo del Perú como Estado independiente. Se ubica en el distrito de Pueblo Libre y en él se encuentran una serie de importantísimas colecciones de materiales culturales prehispánicos. Y, por ello, este ha sido el museo más importante del Perú por casi 200 años.

Por otro lado, el MUNA surge como una iniciativa de la actual gestión de la ministra de Cultura Diana Álvarez-Calderón y el presidente Ollanta Humala. Con un presupuesto de 380 millones de soles para su construcción y 100 millones para la museografía aproximadamente, este museo se supone debe ser el lugar donde no sólo se buscará representar verdaderamente a todas las manifestaciones culturales que existieron a lo largo de todo el territorio, sino generar también un espacio especializado para la investigación de colecciones y su adecuado resguardo y protección.

En mi opinión personal, la existencia de un Museo Nacional de Arqueología es necesaria. El museo de Pueblo Libre, al ser una casona antigua, supone un reto tanto para los curadores y museógrafos al momento de buscar la mejor manera de montar las exposiciones, así como para el correcto almacenamiento de las grandes cantidades y diversas características de los diferentes materiales prehispánicos que allí se almacenan. Sin embargo, soy enfático al decir que no estoy de acuerdo con la construcción del MUNA por varios motivos que muchos especialistas comparten. El primero de ello es por su ubicación. El MUNA se ubicará en Lurín y, muy aparte de que se encuentre en un lugar lejano donde el acceso de por sí se hace más difícil, se erigirá en una zona intangible, el sitio de Pachacamac. Es cierto, se realizó un Proyecto de Rescate que se encargó de verificar que no se dañe ningún tipo de evidencia arqueológica en el lugar; pero, por más que los especialistas del Ministerio de Cultura digan lo contrario, este museo por sus dimensiones significará un quiebre en el Paisaje Cultural: el sitio arqueológico en sí, la laguna Urpiwachak, el mar y las islas. Esto alterará enormemente uno de los pocos paisajes culturales prehispánico, si no el único, que aún permanece relativamente poco intervenido en Lima. El cemento, como en todas las grandes ciudades, ha devorado Lima, limitando a los sitios arqueológicos a pequeños enclaves casi desapercibidos gracias a los grandes edificios que ahora existen a sus alrededores. ¿Y ahora se pretende hacer lo mismo con un sitio tan emblemático e importante como Pachacamac?

Otro asunto que merece mención es el del presupuesto. Si bien es cierto la ejecución de una obra de esta magnitud necesita de un gran presupuesto, el destinar tanto dinero a un solo museo cuando existen muchos museos a lo largo y ancho del territorio nacional con graves problemas de infraestructura y presupuesto resulta una especie de cachetada para todos estos. ¿Qué tal si en vez de construir un gran museo nuevo se buscó primero mejorar los museos ya existentes en las diferentes regiones del país? ¿O es qué este museo es de mayor prioridad por estar en Lima? Creo que es un desatino haber dado prioridad a este museo que, si bien es importante, supone darle la espalda a otros museos igual de importantes en las regiones.

Finalmente, existe gran preocupación sobre el futuro del local del MNAAH, recientemente cambiando de nombre a Museo Nacional de Historia mediante Resolución Ministerial N° 121 – 2015. Esta viene no solo por parte de especialista como la Dra. Mariana Mould de Pease y el Dr. Francisco Iriarte Brenner sino también de los vecinos de Pueblo Libre que ven amenazado el legado y esfuerzo de importantes personalidades que fueron directores de dicho institución, como el Dr. Julio C. Tello. Recientemente, durante la realización del I Congreso Internacional de Museos y Paisajes Culturales, organizado por la UNESCO y el Ministerio de Cultura, el Dr. Luis Lumbreras habló sobre la transformación del MNAAH en el Museo Nacional de Historia. Este, según lo expresado por el Dr. Lumbreras, debe ser un museo que deje de lado ese quiebre entre los prehispánico y lo colonial y republicano; que sea un museo que represente la historia de todos los peruanos y no solo la de los virreyes y presidentes. Sin embargo, ¿cómo se hará esto? ¿Quién lo hará? El Ministerio de Cultura ha demostrado siempre una falta de apertura sobre estos temas y, teniendo en cuenta la resolución antes mencionada, es claro que ya se tomó una decisión sin consultarla antes, como generalmente actúa este.

Los museos son instituciones importantísimas. La experiencia en diferentes países ha demostrado que los museos no son más una mera exposición de objetos sino que estos deben servir para que el visitante sienta, viva y reflexione. Ya no son espacios de diversión u ocio para clases medias y/o altas, sino instituciones que deben llamar a la reflexión sobre diferentes temas de la sociedad actual ya sea desde el arte, la ciencia o el pasado. En Perú aún hay mucho por hacer para transformar a nuestros museos en lo antes mencionado. Y actitudes como las del Ministerio de Cultura que busca imponer sin debatir primero no ayudan a ello. El MUNA y todas las opiniones generadas y no tomadas en cuenta sobre este son un claro ejemplo de ello.


Nuevamente, es opinión de quien escribe que la idea de la creación de un Museo de Arqueología es necesaria. Sin embargo, por lo ya expresado, puedo decir que el MUNA es un proyecto que se ha llevado a cabo prepotentemente. Y aunque durante la presentación de este, tanto los ingenieros encargados de la obra como otros arquitectos y hasta el rector de la Universidad Nacional de Ingeniería se hayan esmerado por demostrar que el MUNA es un proyecto técnicamente viable y que contará con todas las medidas necesarias para la protección del patrimonio, lo cierto es que su ubicación misma ya es un atentado contra el paisaje cultural del sitio de Pachacamac. Lo peor de todo es que ya no hay vuelta atrás, este existirá nos guste o no. Se gastará una gran cantidad de dinero en un solo museo cuando existen otros con graves problemas de infraestructura. Se construirá un museo enorme en Lima (otro más), cuando existen regiones y provincias en el Perú que no cuentan con ningún museo. Se dañará irremediablemente el paisaje cultural de Pachacamac y se desmantelará parte de una de las instituciones más emblemáticas del Perú como es el MNAAH.
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