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El Fenómeno de El Niño: Una lección que no se aprende

Nuestro planeta, desde sus inicios, ha estado y sigue en permanente cambio. Ha transitado por etapas de frío intenso (glaciaciones) intercaladas por períodos de calentamiento (interglaciales), tal como en la que vivimos actualmente. Los tiempos geológicos son muy largos comparados con los tiempos cronológicos, más aún respecto al promedio de vida de los seres humanos. Por ello tendemos a pensar que las características climatológicas del planeta, para que se consideren “normales”, deben mantenerse más o menos estables, pero esto no es así. Nada en el mundo es estático, menos el clima.

Si bien vivimos en un interglacial, la variedad y magnitud de los fenómenos climáticos propios de cada región ocasionan una serie de alteraciones en el ambiente que producen diferentes impactos en los asentamientos humanos. Entre estos fenómenos climáticos, en el Perú, destaca el llamado Fenómeno de El Niño. Dicho fenómeno, como bien sostiene mi colega José Pinilla Blenke en un informe sobre el cambio climático, es un evento cíclico cuya presencia pareciera estar relacionada a ciclos de gran actividad solar y su correspondiente impacto en las capas magnéticas que rodean el planeta. Esta actividad condiciona la presencia y características de los vientos en el mundo, entre ellos, los Alisios.

Estos vientos, propios del Pacífico sur, determinan la frialdad de nuestro mar y la aridez de la costa, a pesar de que, por nuestra ubicación en el planeta, deberíamos tener un clima subtropical. Cuando estos vientos Alisios se debilitan, las corrientes de aguas cálidas procedentes de la región ecuatorial ingresan más hacia el sur causando intensas lluvias con las consiguientes inundaciones y huaicos en la costa norte y central, mientras que fuertes sequías afectan el sur andino, particularmente el Altiplano. A la reincidencia de este fenómeno en períodos de tiempo relativamente cortos se le conoce como Mega-Niño. Lo regular es que este fenómeno ocurra cada 10 años aproximadamente.

En el Perú precolombino, los pobladores podían detectar la proximidad del Fenómeno de El Niño a partir de la observación de un cambio en la fauna marina y a través de los cambios en el circuito de las aves migratorias, ya que son justamente las migraciones un indicador del cambio climático, entre otros. La presencia de este fenómeno en el Perú se puede observar en el registro arqueológico desde hace unos 15,000 años, es decir, desde la llegada de los primeros pobladores a nuestro territorio.

Siendo esto así, cabe preguntarse si este fenómeno en el pasado tuvo los mismos efectos devastadores que en la actualidad. Evidentemente que sí. Como ejemplo está el colapso que sufrió la cultura Mochica alrededor del año 600 d.C. Sin embargo, la observación y la experiencia dieron sus resultados y el hombre andino aprendió a reconocer los lugares más seguros para asentarse y desarrollar sus actividades económicas. Es así que, para establecer sus poblados, eligió los terrenos elevados y las laderas de las montañas alejados de las quebradas y de los cauces de los ríos. Esta ubicación en las partes altas además les permitía observar el valle y aprovechar al máximo las áreas para la agricultura. Con la llegada de los españoles, este patrón de asentamiento se trastocó al elegirse los terrenos bajos en las proximidades a las márgenes de los ríos, a lo largo de su recorrido, para construir sus ciudades.


Foto: Diario El Comercio

Pero además de la ubicación de sus asentamientos en las zonas altas, los antiguos peruanos desarrollaron diferentes tecnologías para encauzar y almacenar el agua. Asimismo, el agua era captada en las alturas de las quebradas pequeñas laterales y, luego de filtrar el lodo, este era arrojado a los campos de cultivo para enriquecerlos con los limos y arcillas. También se excavaron cochas o lagunas artificiales para almacenar el agua para luego regar los andenes; y entre los 3,000 y 4,000 m.s.n.m. se sembraba Caña Brava a modo de enormes esponjas para evitar las grandes avalanchas.

Para los antiguos peruanos, los huaicos, cuya traducción de la lengua Macro-Chibcha significa “el flujo que beneficia después de bajar por las montañas”, eran vistos como un recurso natural, como un beneficio para los agricultores. Igualmente, el Fenómeno de El Niño, a pesar del impacto negativo que puede causar en las poblaciones, tiene su contraparte beneficiosa para el ambiente ya que detiene el marcado proceso de desertificación de la costa central andina. Se recargan las napas freáticas de la costa y cuencas medias y bajas de los ríos de la vertiente del Pacífico y, en el caso de los Mega-Niños, traen insospechadas perspectivas económicas, como bien lo señala Pinilla Blenke.

Hoy, sin embargo, el panorama ante los efectos del Fenómeno de El Niño se ve desolador. Evidentemente hay errores que se deben corregir aprendiendo de la experiencia histórica. Por un lado, se tiene que hacer una esmerada labor de docencia entre la población para mejorar la resistencia y reducir la vulnerabilidad e impacto. Asimismo es necesario limitar y evitar que los pobladores se asienten en zonas de alta peligrosidad, controlar el accionar de los traficantes de terrenos y, en lo posible, reubicar poblados extremadamente vulnerables, como son aquellos que se ubican en las quebradas, cauces secos, pendientes de suelos inestables o zonas inundables. Esta es una responsabilidad de los Gobiernos Locales, quienes deben planificar adecuadamente el uso del territorio.


Por otro lado es imprescindible la forestación de las laderas desnudas para frenar el flujo de escombros. Para ello es necesario el uso de árboles que enraícen fácilmente hasta la restauración de la fisonomía del bosque. A ello se le debe sumar el uso de barreras móviles y sistemas de drenaje, el debido encauzamiento de los ríos y la recuperación de los bosques ribereños en todos los valles.

Aprendamos de la historia. La naturaleza es poderosa. Y recordemos que no existen desastres naturales, lo que hay son fenómenos naturales, los desastres los provoca el hombre al asentarse donde no debe.


***

Finalmente quiero agradecer a los responsables de este excelente medio de comunicación por la confianza depositada en mí al permitirme compartir este proyecto a cargo de jóvenes chalacos, emprendedores, valientes, que quieren un cambio para nuestro Callao. Un agradecimiento especial para mi amigo Javier Ormeño, director de LaRana. 

Me alejo, espero temporalmente, de este espacio ya que se inició mi campaña como pre-candidata a la alcaldía de La Punta, por lo que se me hace imposible continuar colaborando. Ha sido un placer hacerlo. 

Gracias también a todos mis seguidores quienes con sus comentarios me alentaron siempre a seguir adelante. ¡Un abrazo a todos!

Acerca de Larana.pe

Propuesta que busca hacer de la comunicación una herramienta para empoderar a la ciudadanía a partir de contenidos atractivos

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