Reflexiones en el Día Internacional de la Mujer

por Julia Schabauer

Ocho de marzo: una fecha para recordar, pero sobretodo para agradecer. Este día representa una serie de conquistas alcanzadas por las mujeres a través de la historia, tanto a nivel social como económico y familiar. El inicio de esta lucha se remonta al siglo XVIII en Europa, durante la Revolución Francesa. Las mujeres de aquel entonces exigieron que se les reconozca sus derechos políticos y ciudadanos y, en general, igualdad de derechos. Años más tarde, en la primera década del siglo XX, en Estados Unidos esta gesta continuó hasta que en 1911 en Dinamarca, Alemania, Austria y Suiza se creó un día para reconocer la importancia de los movimientos de las mujeres para la conquista de sus derechos. Posteriormente, en 1975 la ONU definió el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.

Pero, ¿qué significa el Día de la Mujer? ¿Por qué es importante?

En la sociedad primitiva se respetaba al más fuerte. A la mujer se le atribuyó la tarea del cuidado de los hijos y del hogar, y en general actividades que no demandaban el uso de la fuerza. Esta situación mantenida así por largo tiempo dio origen a la aceptación de la supremacía del hombre sobre la mujer . De este modo, las sociedades patriarcales y machistas afianzaron el sistema; y la religión y la educación colaboraron con la injusticia enseñando y promoviendo modelos de conducta de sometimiento para las mujeres.

Hoy en día en el Perú, las mujeres podemos elegir y ser elegidas, tenemos libertad de acción y pensamiento. Podemos decidir si queremos tener hijos o no y podemos viajar libremente sin el permiso de un hombre. Tenemos mayor y más justa participación en la economía. En fin, podemos expresarnos con libertad. Parece “normal”, ¿no? Pero no siempre fue así. Estos derechos son el resultado de valientes acciones llevadas a cabo por numerosas mujeres que se enfrentaron al sistema y eso les valió la pérdida de sus familias, trabajo e incluso la vida.

Un principio constitucional afirma que “todos somos libres e iguales ante la ley”, pero para que ello se cumpla, hombres y mujeres debemos tener las mismas oportunidades para los servicios educativos, de salud, trabajo, seguridad social y derechos políticos. Muchos países se han sumado a esta justa causa pero aún falta mucho por hacer para lograr el empoderamiento de la mujer en todo el mundo. Para ello, es necesario que las tradiciones, valores y costumbres armonicen con los derechos ciudadanos, tal como sostiene el Fondo de Población de las Naciones Unidas.

En este contexto, no puedo dejar de mencionar dos problemas subsistentes: la violencia contra la mujer y la desigualdad de género. En el primer caso, el único instrumento eficaz para erradicar este flagelo es la educación y promoción de la cultura. Una relación respetuosa entre hombre y mujer influye en los valores, normas y prácticas culturales de una sociedad, y viceversa. Sobre lo segundo, a pesar de lo mucho que se ha dicho, se sigue discutiendo sobre el tema sin saber en realidad de qué se trata. Género es una construcción sociocultural; no es un factor biológico que define diferencias entre hombres y mujeres. Por ello, la igualdad de género significa igualdad de oportunidades, responsabilidades y derechos entre hombres y mujeres. Así, la igualdad de género es una pieza clave para el desarrollo sostenible.

Desde hace muchas generaciones las mujeres han ido modificando sus roles mayormente restringidos por siglos al cuidado de los hijos y de la casa. En la actualidad las mujeres podemos realizar cualquier actividad que eran antes exclusivas para los hombres. La ciencia ha demostrado que no existen funciones masculinas o femeninas. Los roles del hombre y de la mujer son construcciones sociales que responden a necesidades específicas.  Las diferencias entre las características del cerebro de hombres y mujeres seguramente nos hacen más talentosos o capacitados para realizar una determinada actividad aunque, por cierto, nada está dicho ya que los seres humanos, al igual que el resto de seres vivos, somos el resultado de múltiples adaptaciones y es posible que el entorno social tenga un mayor impacto de lo que pensamos en nuestra constitución física.



Finalmente, debo señalar que hay todavía una tarea pendiente en la erradicación de la discriminación hacia la mujer, la agresión sexual y el machismo. Este último, hijo del patriarcado, se transmite tanto por madres y padres, pues son ellos los que crían y educan a sus hijos. Estos problemas son los que requieren una solución urgente. Debemos cambiar esta sociedad que produce victimarios de sus propias parejas. El machismo se alimenta del silencio y la desigualdad. No permitamos que esto continúe.

A nombre del equipo de Larana.pe y del mío, hago votos para que se termine todo tipo de injusticias contra la mujer en el mundo, y para que hombres y mujeres seamos capaces de desarrollar una vida digna en igualdad de condiciones y de respeto en un ambiente de paz.


Un saludo especial a la mujer chalaca y en especial a las punteñas.
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