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Foto: Diario Correo |

Escribe:
Julia Schabauer
Arqueóloga
En toda
ciudad-puerto existe un peligro latente, constante en sus calles, por la
naturaleza de las actividades económicas que allí se desarrollan y los valores
que generan. El caso del Callao sobrepasa esta condición, habiéndose convertido
desde la década de los 90, en una Región técnicamente, al margen de la ley y donde
la cultura de la violencia es un distintivo en un gran sector de chalacos.
Del Callao
señorial de fines del siglo XIX e inicios del XX, muy poco queda ya. Su gente
cambió y el paisaje urbano también. El terremoto del 40 marcó un hito en la
arquitectura y urbanismo del Callao de aquél entonces. En la década de los 70,
las oleadas migratorias procedentes del interior del país, configuraron anillos
de pobreza en las afueras del puerto y finalmente, la crisis de los 90 , golpeó
duramente la economía de los chalacos y es aquí donde se inicia la historia más
negra para sus pobladores asociada a la germinación de un poder oscuro que
prontamente impondría sus antivalores
más deshumanizantes para instaurar su ley y afianzar su ideología.
Pero, ¿cómo
es que este poder oscuro tuvo tanto éxito
en sus propósitos de tal modo que logra penetrar en las entrañas mismas
de las Instituciones encargadas de imponer y cautelar la ley, el orden y la
justicia?
En los
primeros años del siglo XXI, con la regionalización del país y el traslado a
éstas de ingentes sumas de dinero, las regiones se convirtieron en un botín muy
apreciado por los malos políticos . El Callao es “secuestrado” por un nefasto
partido político y se instaura un estilo de vida que gira alrededor de la
corrupción, la impunidad y la violencia como único medio para resolver
conflictos.
De lo
narrado anteriormente, más de dos décadas han pasado y generaciones de chalacos
han crecido bajo un sistema que ha deformado los valores individuales y
sociales para conseguir mentalidades afines a sus objetivos y cuyas
consecuencias, hoy, desbordan la capacidad de respuesta del Estado al cual no
le queda otro remedio que recurrir a medidas efectistas que no solucionan el
problema de fondo que no es otro que la deformación de los valores y referentes
éticos. En estas condiciones, la violencia o agresividad extrema, se vuelve un
mecanismo de adaptación y supervivencia, el cual por cierto, ha cambiado a
través del tiempo. El conocido Negro Candela narró alguna vez en un medio de
prensa (El Trome 12/05/2016) que en su época “ los más bravos peleaban a puño
limpio y para eso había que ser muy macho….hoy en día, cualquier 'flacuchento',
que no mata ni una mosca, puede ser el asesino más rankeado porque las armas de
fuego reemplazan las “virtudes” anteriores. Si tienes un arma…..eres macho.”
Pues bien,
al margen de la influencia negativa que el poder político de turno haya
ejercido en la conducta de un sector de la población, , hay otros elementos o condiciones que
favorecen también a la violencia y a la
delincuencia. En este punto, vale la pena recordar la Teoría de las Ventanas
Rotas desarrollada por James Q. Wilson y George Kelling en la cual se sostiene
que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden
y el maltrato, son mayores. El deterioro de los elementos que constituyen el
paisaje urbano y la falta de sanción a las faltas menores promueven la
ocurrencia de faltas mayores hasta llegar a los delitos de grueso calibre.
Lamentable
e injustamente,en esta tesis calza perfectamente el caso del Callao y digo
injustamente, porque con los ingentes recursos que recibe cada año, debería ser
una ciudad moderna, limpia, ordenada y próspera, con servicios de primera y una
población con un buen estándar de vida, pero esto no es así. La ciudad ha
crecido sin un debido planeamiento y la riqueza está mal distribuida y
malgastada.
De los
asaltos se ha pasado al tráfico de drogas, al cobro de cupos y al sicariato.
Los delincuentes han “lotizado” al Callao para ejercer su hegemonía. La falta
de oportunidades,para quienes no quieren ser parte de este mundo del crímen,
termina obligándolos a delinquir. Existe una cadena generacional de
delincuentes. Los niños imitan el actuar de sus padres. Los asesinatos por
venganzas y ajustes de cuentas entre bandas son parte de la realidad cotidiana.
Los motivos para asesinar tienen toda una gama de causales que van desde el
“mirar” a la mujer de algún personaje importante, hasta la traición. El
desprecio por la vida ha tocado tan bajo que ya no basta con matar a la persona
encargada sino también a sus acompañantes.
Finalmente
cabe preguntarse si tendrá solución esta problemática.
La
agresividad es innata al ser humano y ésta, de manera moderada o controlada, es
un mecanismo defensivo ante un peligro real o imaginario. Pero la agresividad
extrema o destructiva, da lugar a la violencia.
La
violencia en cambio, es aprendida, por lo tanto, se puede corregir y la forma
de combatirla tiene varias aristas. La aplicación de la fuerza es una medida
extrema, de corto plazo y cuya utilización es más bien una pose política, antes
que una medida eficáz. La solución requiere, primero, contar con autoridades
valientes, comprometidas con un verdadero cambio. Luego, realizar cambios
radicales en el sistema educativo que interiorice nuevos valores y forme
ciudadanos críticos. Se necesita también, ofrecer condiciones económicas
favorables que promuevan la inversión y por ende el aumento de puestos de
trabajo, especialmente para los jóvenes.Tema aparte consiste en recuperar el
ornato, la limpieza y la estética de la ciudad.promover programas de renovación
urbana e incentivar la inversión inmobiliaria para modernizar nuestro Callao.
Con estas
consideraciones , creo firmemente, que es posible que el Callao recupere su
prestancia como ciudad y logre el ansiado desarrollo para sus habitantes a la
par de conseguir la necesaria paz social.
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